Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2020

El desastre es no recordar

La memoria trasciende lo fáctico. La memoria se alimenta de subjetividad; es interpretación, actualización y proyección. La memoria no es el escenario donde los sucesos se teatralizan y se repiten una vez tras otra, sino la persistencia encarnada de una vivencia. La huella humana se imprime en el territorio: encontramos edificaciones, símbolos, ecosistemas manipulados y monumentos a la naturaleza humana y no humana. El territorio también imprime huellas en sus habitantes. Un tipo de fenómenos permite evidenciarlo directamente, las catástrofes.  Recuerdo que uno de mis profesores de la universidad resalta, con insistencia, que los desastres nunca son naturales ―por lo menos en el sentido convencional de “natural”―, pues todos están mediados por la exposición humana a un evento potencialmente perjudicial. Tampoco son resultado de la profecía de una “mala estrella”, como sus raíces lo sugieren. En este sentido, un desastre se puede concebir como la conjunción espacial y tempor...

Matar el tiempo

El tiempo en la playa corre distinto. No es el mismo tiempo del páramo, ni de la selva. Tampoco es el tiempo de los manglares, ni mucho menos el de la ciudad. El tiempo de la playa corre distinto y Albalucía lo sabe. «El aire se detiene en el tiempo, de repente, y el tiempo vuela como el aire». El bamboleo en el aire y la conversación musical no son simples adornos del paisaje costero. El ritmo habita las olas, los truenos, las palabras. Barthes dice que el relato está en todas partes, como la vida misma; pues bien, el ritmo está ahí para ser la vida misma. Para ser marejada y nube y relato. Para ser ese coco, corroído por la sal y la arena, que las olas depositaron como recordatorio de su fuerza. Todo tiene su ritmo. Lo comprenden los cangrejos que excavan túneles, quienes se apresuran a entrar en ellos apenas divisan una amenaza, como un montón de estrellas fugaces que surcan el cielo en busca de un agujero en el cual refugiarse.   También saben de ello las tortu...

Agarrar al toro por las güevas

El sometimiento de la vida es una constante que experimentamos, presenciamos y ejercemos de muchas formas distintas: recibimos órdenes en la infancia, comemos carne sin nada de pudor, nos adscribimos a esquemas patriarcales, nos quedamos en silencio contemplando la injusticia. Muchas de estas formas de violencia se barren y se esconden en lo más recóndito de la casa, donde aguardan a que el día de la mudanza las exponga. Otras no esperan de manera pasiva y, como la mancha de sangre de Lady McBeth, dejan su rastro por todo el lugar; germinan en las sombras, se multiplican y se apoderan del piso, los muebles, las sartenes; se dispersan poco a poco cubriendo cada centímetro que haya por cubrir, permean la vida de quienes las perpetran, pero también la de quienes la sufren. Se nos ha dicho que la vida no humana está ahí para nuestro dominio, para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Lo mismo se ha dicho sobre la vida humana que se considera de menor grado, en una escala inferio...