El desastre es no recordar
La memoria trasciende lo fáctico. La memoria se alimenta de subjetividad; es interpretación, actualización y proyección. La memoria no es el escenario donde los sucesos se teatralizan y se repiten una vez tras otra, sino la persistencia encarnada de una vivencia. La huella humana se imprime en el territorio: encontramos edificaciones, símbolos, ecosistemas manipulados y monumentos a la naturaleza humana y no humana. El territorio también imprime huellas en sus habitantes. Un tipo de fenómenos permite evidenciarlo directamente, las catástrofes. Recuerdo que uno de mis profesores de la universidad resalta, con insistencia, que los desastres nunca son naturales ―por lo menos en el sentido convencional de “natural”―, pues todos están mediados por la exposición humana a un evento potencialmente perjudicial. Tampoco son resultado de la profecía de una “mala estrella”, como sus raíces lo sugieren. En este sentido, un desastre se puede concebir como la conjunción espacial y tempor...